En la bahía de Nipe las madres cuentan a sus niños una extraña historia de por qué las tortugas caminan tan despacio.
Parece que hace mucho tiempo vivía por esos lugares un señor muy poderoso que se llamaba Obala. Sus servidores lo querían al igual que la gente del lugar, porque trataba de solucionar todos sus problemas en forma pacífica.
Gran parte del bienestar de Obala provenía de un tambor mágico que le había regalado un viejo hechicero de las montañas de Nipe. Cada vez que tocaba el tambor, aparecían grandes cantidades de comidas exquisitas, que eran repartidas entre sus familiares y sus numerosos servidores.
Cuando algún señor vecino se acercaba en son de guerra, Obala lo enfrentaba tocando su tambor; inmediatamente deliciosos manjares aparecían listos para ser comidos y el enemig o, ante tal recepción, olvidaba sus reclamos violentos y todos terminaban como buenos amigos.
Esto sucedió hace mucho, mucho tiempo, cuando los hombres aún no entendía el lenguaje de los animales salvajes y Obala también los invitaba a comer y así amistosamente aplacaba su hambre.
Sin embargo ese tambor también tenía su secreto: si al tocarlo su dueño trpezaba, trescientos hombres salían de su interior y daban una paliza a las personas que encontraban más a mano. Por supuesto sólo Obala sabía esto y se había cuidado mucho de no tropezar cuando tocaba el tambor.
Obala también sabía que ese instrumento mágico era deseado por muchos, pero el respeto que infundía su persona era tal, que nadie se atrevía a sacárselo.
Una mañana, su esposa llevó a la hija a pasear a orillas de un riacho cercano y se sentaron a la sombra de un cocotero. La pequeña sintió sed y quiso tomar un poco de agua de coco. Su madre buscó y buscó hasta encontrar un gran coco maduro en el suelo. Justo cuando estaba por abrirlo esuchó un grito agudo de protesta.
Se dio vuelta muy sorprendida y vio a una tortuga que le dijo con voz indignada:
- ¿Cómo es posible que robes a un pobre animal su úncio alimento, si eres la esposa del señor más rico del lugar?
En realidad, la tortuga las había estdo observando escondida en una cueva y ense momento se le ocurrió un plan para apoderarse del tambor.
Tal como lo pensó, la mujer se mostró confundida; sabía ómo su esposo cuidaba de su buen nombre y no quería ni pensar cómo se disgustaría al enterarse de ese descuido.
- No pensé que el coco era tuyo - le contestó - pero quiero compensarte por el mal rato pasado. Ven a mi casa y te haré un regalo.
Cuando llegaron buscaron a Obala y la tortuga, adoptando un tono lastimero, le contó lo sucedido. Obala se disculpó con ella por lo que había pasado y le ofreció que en retribución expresara un deso. Sin vacilar la tortuga le contestó, muy seria:
- Te agradezco tu generosidad: pues bien, quiero el tambor mágico.
Obala quedó desconcertado, pero como era hombre de palabra se lo entregó, por supuesto que sin revelarle su secreto.
La tortuga se encerró en su casa y comió durante tres dias hasta hartarse; después decidió invitar a sus amigos para mostrarles su nuevo tesoro y también agasajarlos.
Y así los invitados fueron llegando uno tras otro y se sentaron a esperar el festín. La tortuga, sintiéndose tan importante como Obala, tomó el tambor pero justo cuando estaba por empezar a tocarlo, tropezó y rodó por una loma. Entonces ante el horror de los invitados, trescientos hombres saltaron fuera de la caja del instrumento y dieron una paliza a todos los presentes.
Los invitados se retiraron indignados y la tortuga, muy asustada, fue derechito a devolverle el tambor a Obala.
El señor estaba tan contento de recuperarlo que hizo a la tortuga un espléndido regalo y después le reveló el secreto del tambor.
Parece ser que la tortuga quedó tan mortificada al saber que todo había sido provocado por un simple tropezón, que desde entonces camina tan despacio para evitar cualquier percance.
|