Cómo dijimos al final de nuestra nota de abril la charla con Ramiro Musotto se extendió a lo largo de varias salas de espera. Y si bien no es un mal momento para una entrevista, esperar para que a uno le pongan la antitetánica no es particularmente divertido. Necesitábamos alegrar la espera y qué mejor que hablar entonces del carnaval.
R- Ahora voy a tocar en el carnaval por primera vez con mi trío. Un trío propio que me da la municipalidad de Bahía. Porque yo toqué más de veinte carnavales en Salvador como músico. La última vez, en el 2006, toqué con mi grupo de percusión acompañando a Daniela Mercury y algunos otros cantantes que ella llamó. Y estaba mi cantante, de este grupo que es un grupo de percusión que somos 17 percusionistas.
2007 – 2008 yo me fui. Por primera vez pasé dos carnavales afuera porque estaba podrido de la comercialización de la poca atención que le dan a las batucadas y a los grupos afros, la elitización del carnaval, como se vende el carnaval por televisión. Generalmente, están poniendo al carnaval en un lugar muy choto.
Ahora, al final del carnaval pasado, cambió la secretaría de cultura. Hay una secretaría de cultura nueva en Salvador que están haciendo cosas realmente interesantes y están, realmente, luchando contra todo el sistema de la ciudad de Salvador que impone un carnaval con grandes nombres, masivo. Digamos, dándoles importancia a los artistas que tienen éxitos comerciales y no mirando a la cultura popular. Es como si en Uruguay en vez de las llamadas pasa un artista que hace cumbia, sin ninguno desmerecimiento por la cumbia que me parece que es valido, o no sé qué… boleros. Y las comparsas salen a las 4 de la mañana el jueves y todo viernes, sábado y domingo, bolero. Es un poco así.
M- Yo no me acuerdo mucho, porque era chiquito, pero si recuerdo que la gente que se enteraba que íbamos al carnaval nos decía que no vayamos al de río, porque ese era el comercial, y el de Bahía era el del pueblo.
R – Ahora dicen eso de Recife
M- Bueno también lo dicen de las llamadas en Uruguay. Yo estuve el año pasado allá y hay mucho uruguayo descontento, te dicen que vayas a las llamadas de otros lados. Es lo de siempre, ¿no? Cuando algo crece mucho y empieza a generar negocio siempre hay alguien que dice: “Ah, no. Esto ya no es lo que era.”. Pero es una evolución natural de este tipo de fiestas. Más bien inevitable, no sé si natural.
R- Yo no creo. La evolución de una fiesta está muy influenciada por lo que los dirigentes de esa ciudad hacen con la evolución de esa fiesta. Para mí una cosa es la evolución natural. Pero hay varias formas de evolucionar y varias formas de cuidar la cultura de uno. Si en el norte uno dice: “bueno, no vamos a hacer más fiestas folclóricas, no vamos a hacer más encuentros de copleros, ni encuentros de cicus. Vamos a hacer el programa de Tinelli en Humauaca” Y no es la evolución normal de las cosas, es la desición de un tipo que influye en todo.
La gente nuestro alrededor nos mira con curiosidad. ¿Quiénes son estas personas que grabador en mano evocan el carnaval en un hospital? Nosotros no dejamos que nos intimiden y seguimos con la entrevista.
M- Contanos un poco de los tríos. Que es algo que uno ve de afuera y parece algo así como un camión con equipos, nomás.
R- El trío es un fenómeno supuestamente único del salvador. Después uno se entera que existe algo parecido en Haití, y en Trinidad y en el carnaval de Londres, por influencia de Trinidad, hay ideas parecidas. Pero en Salvador, realmente, es mucho más organizado. Estos otros son camiones con música, un camioncito, un acoplado. En Salvador los tríos son toda una cultura. En el año cincuenta es el primer trío. Es muy loco porque dos tipos que son Dodó y Osmar tienen la idea de salir a tocar marchinhas en carnaval con dos guitarras eléctricas. O sea, ellos inventaron la guitarra eléctrica sin saber que se había inventado unos años antes. Fender la había inventado, no la conocía nadie todavía, y ellos inventan el “Pao macizo”. Y hacen una guitarra con un diseño increíble. Era chiquita, una madera con un captador, le ponen Baffles y salen a tocar con percusión abajo. Así empieza en los cincuenta el trío. Ya en la década del 70 había 60 tríos en Salvador. Hay fábricas de tríos, hay gente que vive de hacer tríos. Hay gente que los alquila. En todo Brasil hay tríos eléctricos hoy, pero las fabricas, los especialistas en hacerlos están en Salvador. Tiene una tecnología increíble además. Tienen camarín, tienen baño, hay un generador enorme ahí adentro, que tiene energía para iluminar una ciudad. Hace un ruido tremendo todo el tiempo y hay que ponerle Kerosén y está dentro de una capsula con aire acondicionado. Un armatoste de otro mundo. Y estás tocando y se mueve, dobla. Y tenés que agacharte para esquivar los cables de teléfono. Hay dos tipos uno adelante y uno atrás con palos que levantan los cables de teléfono. Por ahí viene un cable y te tira todo. Es fantástico. Es maravilloso y al mismo tiempo es muy peligroso.
Vos tocás en un trío y de repente pasa otro por al lado, y pasa otro y otro y otro. Y cada uno que pasa es un escenario con un artista, con una banda de 10, con plomos, guitarra, percusionistas, y vos los ves a los tipos que pasan delante de ti y es como un sueño. Estas en la calle y pasan por ahí todos los artistas que te gustan, uno detrás del otro, por en frente de la ventana de tu casa. Es una cosa increíble. Al mismo tiempo el trío mata a la manifestación popular. Si un trío está acá, a 200 metros a la redonda no puede haber una manifestación folclórica.
M- ¿Por el sonido?
R- El sonido es tan fuerte que no se puede tocar. Entonces hay que organizar el día de los percusionistas. Porque si no lo que pasa es que hay un bloque de percusión de 100 personas, como si fuera la Marí Marí, ponele, tocando. Y los que están bailando atrás están bailando, no lo que toca ahí, si no lo que suena a 100 metros. Y los que están tocando todo bien, porque estás tocando, pero te alejás cinco metros y ya escuchas el trío. Y hay guerras de tríos. Cuando pasan dos, se juntan a ver quién suena más fuerte, y ponen al palo el volumen, y vos ves que los que quedan en el medio están sufriendo. Es un delirio enorme
M – Pero debe ser hermosísimo, también.
R - Sí, sí, es único. Yo soy crítico pero critico con amor, porque amo el carnaval de Bahía. Me eduqué musicalmente ahí. Llegué con 20 años y tengo 45, esa es mi escuela, Yo aprendí ahí, todo. Lo critico como uno critica a su familia, a su país, como es normal.
Otra vez un enfermero con su inefable “¡Musotto!”. Ramiro va a que lo inyecten, yo me quedo a esperarlo. Cuando salga charlaremos un rato más, mientras caminamos por barrio norte y nuestra conversación salta el charco grande hacia el viejo continente. Pero eso será, ya, material de una edición venidera.
5 de Junio de 2009 |