El oriente más allá del Uruguay
El jardín japonés no parece, a primera vista, el lugar más percusivo
de la ciudad de Buenos Aires. No deja de ser divertido imaginarse
una cuerda de candombe atravesando el puente de la vida, o un bloque
de batucada irrumpiendo en el salón de té. Sin embargo no pareciera
ser más que un ejercicio. La explosión y la alegría asociadas con
los tambores no encajan bien con el estereotipo del oriental sereno
y disciplinado que nos inculcara la serie de televisión Kung Fu.
Gracias al cielo hay mucho más en el oriente que lo que vemos en
televisión.
El domingo 14 de junio, Medetaiko, Mutaiko Taiko, Buenos Aires Taiko
Dojo y Matsuri Taiko demostraron que la alegría también es japonesa.
Estás cuatro agrupaciones cultivan y enseñan el arte del tambor japonés;
un arte que tiene, por momentos, tanto de marcial como de música,
es cierto.
Esa tarde se dieron cita para mostrar de qué se trata esto de combinar
la serenidad y la disciplina con altas dosis de alegría. Porque sí,
sin duda, el show de Taiko que dieron fue una demostración impresionante
de destreza, preparación y entrenamiento; pero también fue un desborde
de energía, de explosión y diversión.
Con un sonido y una cadencia profundamente distinta a las que estamos
acostumbrados a oír los cultores de los ritmos afro americanos estos
grupos hicieron vibrar al jardín entero y nos convencieron de que
una fiesta es una fiesta, de cualquier lado del globo en que se esté.
Y como muestra bastó el último tema “Ran” que las cuatro agrupaciones
tocaron juntas. Más de cincuenta tambores, un alegre ejercito de
músicos marciales, y un público que coreaba estribillos en japonés,
sin saber, muchas veces, el significado de los gritos, pero entendiendo,
desde siempre, su sentido. |